Al extraordinario clima se le une una gastronomía única, sostenible, ligada al territorio, rica en productos y creadora de paisaje. El resultado no puede ser más gratificante, y Lanzarote tiene el don de ese vigoroso Atlántico que le dota de frescos y sabrosos pescados y mariscos.

De su campo brotan verdaderas joyas gastronómicas; como son sus papas o batatas de jable; de su ganado, unos quesos magistrales, premiados a nivel internacional; y de su singular paisaje, unos vinos de una variante de uva única en el mundo, la Malvasía volcánica.

A esto, además, hay que añadir una creciente oferta de hoteles donde la gastronomía local, de proximidad y de calidad, se manifiestan como atributos fundamentales de su oferta turística; con unas propuestas gastronómicas que ponen en valor la sostenibilidad, el territorio y el paisaje.

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