El pulpo es uno de los habitantes más reconocibles del mar en el archipiélago canario, quizá por esa curiosidad que lo lleva a acercarse hasta la misma orilla y lo hace cómplice del marisqueo, si bien en ocasiones cae víctima de su propia timidez y se enroca en el fondo de las cuevas, aunque a veces es visible mientras se impulsa sobre los arenosos fondos.

Muchas son las presentaciones tradicionales populares y las comunidades autónomas de nuestro país donde el pulpo es protagonista, desde «pulpo a la gallega» o «pulpo a  feira«, hasta «salpicon de pulpo» pero cada maestro tiene su receta y el pulpo sale bien parado en todas.

Lo cierto es que este sabroso cefalópodo ha acompañado desde siempre la gastronomía canaria con su singular sabor. Entre los platos destaca sobremanera, y por su sencillez, un buen «rejo guisado con pimienta picona y unas papas arrugadas«, acompañado de su puntito de aceite y vinagre más el inexcusable vino blanco para su maridaje. Nuestros mayores siempre elogian el «rejo de pulpo rillonito«, ese que está algo duro, se resiste al masticarlo y hay que comerlo poco a poco, en trozos pequeños, sin desmerecer la básica receta de «pulpo a la vinagreta«.

Otra de las fórmulas arraigadas en Canarias, más extendida en las Islas Orientales, es el «pulpo frito«, que se cocina en abundante aceite y se consume bien churruscado, así como también el «pulpo a la plancha«, un manjar al mezclarse su textura y aromas con un delicado aceite de pimentón, un pequeño toque de mojo verde y, como guarnición, unas láminas de batata frita, en algunos restaurantes especializados, lo bordan.

Otra alternativa muy popular, donde se cambia carne por pulpo es la de una «ropavieja de pulpo«, un plato donde el cefalópodo comparte protagonismo con las garbanzas y la fritura, circunstancia que no se da en cambio cuando hablamos del carpaccio de pulpo, donde se convierte en la estrella del plato y resulta al paladar una maravilla.

¡Camarero, una de pulpo!

Fuente: Gastronomía7islas.com

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